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La Guerra de las brujas
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La Novia del Guerrero
C abía una vez un duro guerrero que quería casarse con una chica sami. El padre de la muchacha no se atrevió a negarle su petición y le prometió la chica, agradeciéndole el honor que le hacía. Pero decidió que no iba a quedar así el asunto.

En el acuerdo con el guerrero, habían decidido un día determinado en el que él vendría a recoger la chica. Llegó el día y, efectivamente, se presentó el guerrero. El padre, mientras tanto, había preparado un tronco de madera al que había vestido con las ropas de su hija. Para ello, había cogido una falda nueva, una cofia nueva, un cinturón de plata, zapatos nuevos y cintas nuevas. Cuando terminó, colocó esta figura en un rincón de su tienda y le tapó la cabeza con una tela, como si fuera el pesado velo que llevan las novias laponas.

Al entrar el guerrero en la tienda y ver a su futura mujer en un rincón, bellamente ataviada para la boda, se quedó muy contento y volvió a salir para discutir con su futuro suegro la entrega de los renos que le correspondía como dote.

Mientras tanto, la hija se había escondido con un trineo y unos renos en un lugar cercano. Esperó durante todo el día allí escondida.

Por la noche, cuando el guerrero se disponía a cenar, el padre de la chica se marchó disimuladamente hacia el lugar donde se hallaba su hija y los dos huyeron precipitadamente.

El guerrero, que no se había dado cuenta de nada, entró finalmente en la tienda y se dirigió a su futura esposa, mandándole que le hiciera la cena. Pero la joven, que en realidad era un tronco, no se movió. El guerrero volvió a pedírselo.Pero nada. Pensando que tal vez la chica se mostraba vergonzosa, el hombre decidió prepararse él mismo la cena. Cuando terminó, volvió a dirigirse a la novia, indicándole que se acercara y le sirviera la cena. Al no moverse la muchacha, el guerrero volvió a creer que se sentía intimidada y se sirvió él solo. Tampoco se movió la muchacha cuando él le ordenó que comieran juntos, ni mucho menos cuando le dijo que debían ir a dormir.

El guerrero, enfadado ya después de tener tanta paciencia, decidió ir él mismo a por la chica. Al cogerla en brazos y ver que se trataba de un tronco, se indignó de tal manera que salió de la tienda con el propósito de alcanzar al sami y a su hija donde fuera.

Sin embargo, el tiempo se había complicado: una tormenta de nieve, con temperaturas heladas y vientos gélidos, no le dejaron avanzar. De golpe, apareció la luna, brillante y clara. El guerrero se creyó que era el sami, quien había encendido una lumbre para calentarse un poco. Se dirigió hacia la luz, pero no la alcanzaba por más que se dirigiera hacia ella. Al final, se subió a un árbol para ver dónde se encontraba, pero no llegó a bajar. Se quedó helado y murió.

 
edebé Netydea